LECTURA DE SOCIALES 8
PLAN LECTOR 2022
DOCENTE: BIBIANA ANDREA CARDONA RODRÍGUEZ
SANTO DOMINGO SAVIO – SEDE JHON F.
KENNEDY
DÍGAME USTED SI NO ES MUY RARO
Quien tenga dudas de que el hombre es su propio
depredador hará bien en fijarse en el caso de Colombia. Nacer aquí, en Colombia, es nacer en un
manicomio tomado por los locos: por los ilusos, por los violentos, por los
sanguinarios, por los fundamentalistas, por los patrioteros, por los sapos, por
los lagartos, por los lambones, por los
nazarenos, por los farsantes que gritan «usted no sabe quién soy yo»
cuando les piden que cumplan la ley o que hagan la fila, por los falsos
embajadores de la India, por los paranoicos y sus persecutores, por los señores
feudales y las policías políticas y los
siervos sin tierra, por los politicastros que creen que es más rentable una
Alcaldía que un embarque, por los sociópatas con don de gentes, por los machos,
por los hijos negados, por las madres abandonadas, por los «doctores» entre
comillas, por los acomplejados que esgrimen su apellido o su cultura o su
gramática para darse cuenta de su propia importancia.
Sólo aquí en Colombia -solamente en esta tierra
accidentada e inexpugnable en la que hubo 725 heridos y 82 muertos durante la
celebración macabra de aquel partido de fútbol
de 1993 en el que la selección colombiana le ganó cinco a cero a la selección argentina- el Día
de la Madre suele ser la fecha más violenta del año: el Día de la Madre del año
pasado, domingo 13 de mayo de 2018, ciertas Alcaldías se vieron obligadas a
decretar la ley seca ya lanzar agresivas
campañas para evitar el horror de siempre, pero, de acuerdo con las
cifras del Instituto de Medicina Legal, al final de la jornada maldita se
contaron 5782 riñas, 479 personas violentadas en sus propias casas por sus
propios familiares y 53 hijos asesinados
por sus propios prójimos. Dígame usted
si esto no es muy raro. Dígame si no hay
acá algo inexplicable, si no es más bien una pandemia esta cultura trastornada
en la que las salvajes redes sociales
son todavía más infames, si esta violencia de viacrucis, que no se da en
países igual de desiguales y de educados en el maltrato y de confesionales y de
abandonados por Dios, no tiene una razón de fondo que se le escapa a nuestra
comprensión: dígame si, así como en estos últimos años nos hemos visto forzados
a desminar los pastizales de la guerra, no tendremos un día que pedirle a un ejército de videntes
que recorran este mapa en busca de los
entierros de brujería -de los atados de azufre y de pelos y de fotografías y de
huesos quemados de la magia negra- que nos tienen varados en los ritos de la barbarie.
Fue en la Colombia de estos
últimos setenta años en donde sucedieron los desmanes del Bogotazo, la época de la Violencia en la que los púlpitos y los
altares se pusieron al servicio de una impensable manera de matar llamada «el corte de corbata», el fusilamiento
de los estudiantes a unos pasos de la Plaza de Bolívar, la matanza de los enruanados que osaron
abuchear a la hija del dictador en la Plaza de Toros de la Santamaría, las
torturas amparadas por los estados de emergencia, la toma y la retoma del Palacio
de Justicia, la campaña presidencial
en la que cuatro candidatos fueron ejecutados a sangre fría, la era de las bombas en los centros
comerciales y en las esquinas de los
colegios y en aquel Avianca 203 en
pleno vuelo, el de un jugador de la selección de fútbol por
cometer un autogol en un Mundial, el
collar que estalló en el cuello de una madre.
Fue en este escenario, en el que crecen y crecen y
crecen los fantasmas, en donde alguna vez se dijo: «La única diferencia entre
nuestros partidos consiste en que los conservadores son más ladrones que los
liberales y los liberales más asesinos que los conservadores» , «El indio es de la índole de los animales
débiles recargada de malicia humana « El país
era mucho mejor cuando sólo robaban los
ladrones», « El liberalismo es esencialmente malo », «mataron a Gaitán!», « A este
país lo pacificamos a sangre y fuego », « Acá todo el mundo es doctor hasta
que nadie le demuestra lo contrario », « ¡Lleras sí, Rojas no! », « A las nueve
de la noche no debe haber gente en las calles », «Reivindicamos como justa la lucha armada y
estamos también en la vía que llaman pacífica», «Todos
somos iguales pero unos somos más iguales que otros», «Tenemos que reducir
la corrupción a sus justas proporciones», «Aquí defendiendo la democracia, maestro », « Por Colombia,
siempre adelante, ni un paso atrás y lo que fuera menester sea »,« Mátalo,
Pablo », « ¡Mataron a Galán! » ,«
Que la vida no sea asesinada en primavera », « jAutogol, autogol, autogol! », «
Fue a mis espaldas »,« Que no maten a la
gente », « El salario mínimo en Colombia es ridículamente alto », « De seguro,
esos muchachos no andaban recogiendo café »,« ¡La vida es sagrada! ».
Colombia es el país de las guerras civiles, el país
de las 1989 masacres, el país de las guerrillas
y los grupos paramilitares y las
bandas criminales, el país de los panfletos ensangrentados por debajo de las
puertas, el país de los sicarios que se santiguan, el país de los 1437 feminicidios y los 702 líderes sociales y 135 excombatientes
asesinados desde la firma del acuerdo de paz con las Farc en
2016. Es aquí donde ha estado sucediendo el
conflicto armado interno más largo del mundo: el Registro Único de Víctimas y
el Centro Nacional de Memoria Histórica cuentan 8.074.272 víctimas, 5.712.000 desplazamientos forzados, 218.094
asesinados, 27.023 secuestrados,
25.007 desaparecidos, 10.189 víctimas de
minas antipersonas, 716 acciones bélicas, 95 atentados terroristas en
apenas medio siglo, pero ninguna cifra de esas cabe en la cabeza.
Colombia es, según Amnistía Internacional, uno de
los diez países más violentos del mundo; es, según Save the Children, el tercer
país en donde matan a más niños; es, según el Banco Mundial, el país más
desigual de América Latina y el cuarto país más desigual del mundo; es, según
el esquizofrénico Gobierno de Trump, uno de los países más peligrosos para
viajar; es, según la firma Ipsos Mori, el sexto país más ignorante del mundo y
el sexto país más ignorante sobre sí mismo.
Resulta profundamente conmovedor -o al menos digno de estudio- que siga
doliéndonos y desilusionándonos como nos duele y nos desilusiona. Algo sigue llamándonos a la resistencia y a
la alegría. Algo, que quizás sea la
sombra y la costumbre de la muerte, sigue empujándonos a vivir y seguir
viviendo. Dígame usted si no es muy
raro.
Dígame usted si no es digno de estudio o digno de un
tríptico del Bosco. Dígame si esto no ha
sido al mismo tiempo una Semana Santa eterna y un carnaval interminable.
Colombia no sólo ha sido el primero o el segundo o
el tercero entre los países más felices del mundo, sino la cultura contrahecha
avergonzada de sí misma y acomplejada hasta el paroxismo y el delirio de
grandeza- que se inventó la mamadera de gallo y el ataque de risa en los
funerales. Ha sido una nación de
solemnes y de pomposos, «Excelentísimo Señor Don Gabriel Foción Sanz de
Santamaría.,. «Resulta, pasa y acontece que … », como si el clima fuera
propicio para sentir nostalgia por una época señorial que jamás llegó a darse del todo, pero también ha
sido, desde el principio de la vorágine, tierra de expertos en sátiras y
refugio de parodiadores. Aquí hemos
estado riéndonos y contándonos cuentos porque no queda más mientras vuelve la
cordura. Aquí nada es serio para bien y
para mal.
De qué hablamos cuando hablamos de la República de
Colombia: de un país hecho de países, de una cultura hecha de culturas, cuyo
territorio sigue siendo un misterio.
Más de la
mitad del mapa colombiano es selva, enigma.
Ni siquiera hoy, cuando las comunicaciones y las redes tendrían reunido,
hemos logrado que esto deje de ser el archipiélago del que hablaba mi abuelo el
senador en sus textos liberales, el suelo tan partido y tan sitiado y tan
negado que hace que la existencia de un Estado fuerte sea una hazaña. Puede ser que Colombia sea el infierno. Puede ser que sea un karma y un
trastorno. Y que hasta hoy estemos
pagando que no sólo empezamos por el desprecio y por la aniquilación de lo que
había aquí antes de la Historia, sino, como los niños perdidos de El señor de las
moscas, sobre la sospecha endiablada y enloquecedora de que nadie está mirando.
Silva Romero (2019). Historia de la Locura de Colombia. Dígame usted si no es muy raro, 19-22
ACTIVIDADES DE APLICACIÓN:
El estudiante después
de haber leído el texto debe desarrollar las siguientes actividades de forma
individual:
1.
Proponer un
Título diferente al del texto: este debe ser claro y especifico debe dar
indicios sobre el contenido de la lectura, (debe contener palabras o conceptos
claves del texto).
2.
Vocabulario:
Sacar mínimo 10 palabras desconocidas o importantes que encuentre en el texto,
(consulte y escriba su significado) además, elabora una frase con cada una de
ellas.
3.
Opinión: Es
un escrito que el estudiante realiza sobre la lectura utilizando sus propias
palabras, dando cuenta de lo que le pareció importante, de lo que entendió, de
lo que no entendió, con qué no está de acuerdo, si lo puede aplicar o no en su
vida cotidiana u otros elementos que estime ser mencionados (No es un resumen,
es lo que usted piensa sobre el texto, explicado con sus palabras).
4.
Escoge un
suceso que se mencionan en el texto e investiga sobre ellos. Prepara una exposición.
5.
Para usted
que quieren decir las frases que están subrayadas en el texto. Explique su respuesta.

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